15/5/2026
La UPRA llega al Chocó para escuchar a las mujeres piangüeras y desarrollar un instrumento para facilitar el futuro sostenible de un molusco que alimenta al Pacífico colombiano
- La UPRA ha realizado trabajo de campo en Cauca, Nariño y Chocó revisando las condiciones de recolección de piangua y dialogando con las comunidades.
Bogotá, D. C., mayo de 2026 (@MinAgricultura, @UPRAColombia, @juanpasandovalc). Un equipo técnico de la UPRA se desplazó hasta Nuquí y Bajo Baudó, en el Chocó, con el objetivo de dialogar con las comunidades del Pacífico colombiano, participar en campo de la dinámica de la recolección de piangua y avanzar en la caracterización de las condiciones biológicas, ambientales, sociales y económicas que contextualizan el aprovechamiento de este molusco.
El trabajo de campo hace parte del proceso de zonificación nacional de piangua que la UPRA lidera, el cual busca entregar una herramienta técnica al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MinAgricultura) y a otros actores del ámbito público y privado para que tomen decisiones informadas sobre el aprovechamiento sostenible de un recurso que ancestralmente ha garantizado la seguridad alimentaria de las familias del Pacífico colombiano.
Alexander Rodríguez Romero, Director Técnico de Uso Eficiente del Suelo y Adecuación de Tierras de la UPRA, afirmó: “El ejercicio durante 2026 avanza muy bien. Hemos estado en Cauca, Nariño y ahora en Chocó recogiendo información, caracterizando el proceso, dialogando con las comunidades y, de esta manera, estructurando las variables, criterios y componentes que se incluirán en el modelo de zonificación de aptitud para el aprovechamiento sostenible de la piangua”.
Para adelantar este trabajo, la UPRA conformó un equipo dividido en tres subgrupos: uno físico, uno ambiental y uno socioeconómico. El equipo cuenta además con un experto biólogo marino especializado en acuicultura, pesca y piangua, quien orienta técnicamente el ejercicio. Además, el trabajo de campo se concentra en la costa Pacífica colombiana; única zona de Colombia donde existe el manglar rojo, cuyo ecosistema está directamente asociado con la existencia de la piangua.
En el corazón de esta historia están las piangüeras; mujeres organizadas en grupos, quienes se internan en los manglares cuando la marea baja, muchas veces acompañadas de sus hijos e hijas, para recolectar la piangua con sus propias manos.
El trabajo es físicamente exigente, implica trasladarse largas distancias, entre el lodo y hurgar entre las raíces del manglar; pero, representa, para estas mujeres, una fuente de ingresos vital para el hogar: para comprar los útiles escolares de sus hijos, para apoyar a los que estudian en otras ciudades o para atender las necesidades cotidianas de sus familias.
Ana Betty Micolta, piangüera del Pacífico colombiano, comentó: “La piangua nos da muchos beneficios. Nos da para el pan coger de todos los días. En general somos las mujeres, hombres muy pocos, nosotras tenemos más paciencia porque sabemos que es una actividad, un ejercicio, un trabajo supremamente duro, difícil”.

Ana Betty Micolta, piangüera del Pacífico colombiano.
Luz Milena Mosquera, piangüera del Pacífico colombiano, sostuvo: “La recolección de la piangua es un trabajo muy duro; uno lo hace por la necesidad. Tengo hijos y ellos piangüean; les he enseñado. Yo empecé a pianguar a los 13 años. Es un trabajo súper pesado para una mujer; pero, de todas maneras, es algo impresionante, porque uno aprende a leer el manglar”.

Luz Milena Mosquera, piangüera del Pacífico colombiano.
Luz Nereida Murillo, piangüera del Pacífico colombiano, afirmó que “el trabajo de sacar la piangua es demasiado duro, porque a uno le toca trasladarse a canalete hasta el manglar a sacar la piangua”.

Luz Nereida Murillo, piangüera del Pacífico colombiano.
Las piangüeras también reconocieron que, con el pasar de los años, aprendieron más de esta actividad. “Anteriormente no conocíamos lo que era tener la talla de madurez de la piangua. Cogíamos lo que encontrábamos. Ahora ya sabemos que tenemos que sacarla de cinco centímetros en adelante, que es cuando ya está madura. Antes la cogíamos únicamente para comer; ahora la sacamos también para comercialización; porque la vendemos y, con eso, le compramos los cuadernos a los hijos”, relató Aura Yadira García Marmolejo, representante del Consejo Local Río Nuquí de Los Riscales.
Para medir el volumen recolectado usan una medida no estandarizada que denominan la “lata”: aproximadamente 400 conchas; y lo recolectado se lava en el mar o en el río para venderlo al final de la jornada, con encargos que llegan incluso desde ciudades como Medellín.
Un elemento clave en esta actividad es el uso del piangüímetro; instrumento de medición que indica si la piangua supera los cinco centímetros —la talla mínima de madurez del molusco— o no, garantizando, así, que la recolección sea sostenible y que no se extraigan ejemplares que aún no han alcanzado su etapa reproductiva.
Adicionalmente, las propias comunidades establecen vedas voluntarias en los manglares: es decir, períodos en los que dejan descansar estos territorios para que la piangua se recupere, se reproduzca y vuelva a poblar los ecosistemas. Estas prácticas colectivas de autorregulación son una expresión del profundo conocimiento ancestral que las mujeres tienen sobre el manglar y sus ciclos naturales.
Finalmente, el director técnico de Uso Eficiente del Suelo y Adecuación de Tierras de la UPRA resaltó que “este aprovechamiento de piangua es importante hacerlo visible porque la mayoría de las personas no lo conoce, y las labores de las mujeres del Pacífico son muy importantes. Queremos que el país conozca esta actividad, que cuando las personas compren piangua, sepan que están beneficiando a unas comunidades que vienen progresando, pero podemos ayudar a que su calidad de vida mejore significativamente”.
La idea por parte de la UPRA es entregar dos documentos: un documento técnico de soporte y la respectiva cartografía que clasificará las zonas entre potencial alto, medio o bajo para el aprovechamiento sostenible del molusco.
Finalmente, es preciso mencionar que la entidad trabaja en diferentes ejercicios de zonificación de aptitud productiva agropecuaria durante este 2026 como, por ejemplo, para acuicultura marina nacional. También, a nivel territorial, se está realizando la zonificación de frutos amazónicos en Guainía, Caquetá y Amazonas. “Por solicitud de las autoridades locales, se incluyó también la yuca brava, que tiene un fuerte arraigo cultural; los diferentes sistemas productivos priorizados en la presente vigencia son un reto para la entidad y, en el proceso, se requiere un diálogo frecuente con las comunidades”, puntualizó Alexander Rodríguez.
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