19/10/2026
El paisaje también se cultiva
Por Alberto Esmeral, director general de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA)
Cuando pensamos en un paisaje, solemos imaginar una postal: montañas, ríos, un atardecer. Pocas veces pensamos en las manos que lo hicieron posible. Pero en Colombia buena parte de los paisajes que nos identifican son obra del trabajo del campo: los cafetales que trepan las laderas junto a la guadua y los frutales, los cacaotales bajo la sombra de los árboles nativos o las sabanas inundables donde el ganado pasta entre esteros y la comida se produce en los conucos. Son paisajes que se cultivan y nutren un país.
Este 20 de octubre, Día Internacional del Paisaje, vale la pena detenernos en esa idea. Un paisaje agropecuario es un territorio que su gente reconoce como propio, asociado a su patrimonio cultural y a las actividades agropecuarias que, durante décadas y a veces durante siglos, han tejido la relación entre el ser humano y la naturaleza. Tiene una dimensión productiva, porque de allí salen los alimentos; una ecológica, porque convive con ecosistemas y biodiversidad; y una social y económica, porque sostiene la vida y la identidad de las familias rurales.
Desde 2016, en la UPRA entendimos que planificar el campo no era solo definir dónde sembrar o cómo usar mejor el suelo. También era reconocer y cuidar esos paisajes. Por eso incorporamos el concepto de paisaje agropecuario en la planificación y el ordenamiento del territorio rural, algo novedoso en el país. Desde entonces construimos, de la mano de las comunidades, dos herramientas: el Catálogo de Paisajes Agropecuarios, que permite identificarlos, caracterizarlos y valorarlos —su primer piloto, en el Huila, reconoció 11 paisajes—, y la Carta del Paisaje Agropecuario, un acuerdo voluntario entre los actores de un territorio para gestionarlo de manera sostenible.
La experiencia más avanzada está en Paz de Ariporo, Casanare. Allí, en más de 512mil hectáreas de sabana inundable, los llaneros han sabido producir en armonía con un entorno exigente, que pasa del agua la mayor parte del año al verano intenso. La ganadería tradicional de cría convive con los conucos, donde las familias siembran entre 10 y 40 especies con la técnica del majadeo, también con la huerta, la cría de especies menores como el cerdo casco de mula y la producción de miel de abejas nativas. Allí el cabestro se hila con la crin del caballo y la mamona se asa durante horas, solo con sal. Todo eso también es paisaje.
En 2023, el municipio adoptó la Carta del Paisaje Ganadero de Sabana Inundable, construida con la comunidad, la Alcaldía municipal, el Proyecto Biocarbono y con el direccionamiento técnico de la UPRA. Ese acuerdo voluntario, es hoy la base de una aspiración mayor: que este Paisaje agropecuario sea reconocido por la FAO como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). En el mundo existen 104, en 29 países, y 11 en América Latina y el Caribe. Colombia todavía no tiene el suyo. La postulación, liderada por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con el apoyo técnico de la UPRA y el acompañamiento permanente de la comunidad, junto a aliados claves del territorio como la Alcaldía municipal, la Gobernación del Casanare, TNC, Agrosavia, entre otros. En septiembre, presentamos en Ciudad de México, ante los países de la región y la comunidad internacional, los avances en la postulación de este Paisaje como el primer SIPAM de Colombia.
¿Por qué importa este reconocimiento? Porque abre puertas a los productores y a las comunidades, valoriza sus productos y sus prácticas, puede atraer inversión, focaliza políticas públicas y, sobre todo, les dice a las nuevas generaciones que quedarse en el campo y cuidar su cultura vale la pena. En la sabana conocimos a jóvenes que estudiaron para tecnificar el campo sin dejar de amarlo, y a investigadoras que llevan los saberes llaneros a la academia porque, como dice una de ellas, “en la ciencia, lo que no está escrito no existe”.
Paz de Ariporo debe ser solo el comienzo. Colombia es el cuarto país más biodiverso del planeta, y sus productores cosechan los alimentos frescos que llegan a nuestras mesas. Con la FAO acordamos explorar nuevos territorios que puedan seguir este camino. Desde la UPRA estamos listos para aportar el conocimiento técnico que lo haga posible.
En este Día Internacional del Paisaje, la invitación es a mirar el campo de otra manera: no solo como el lugar de donde vienen los alimentos, sino como un patrimonio vivo que se construye todos los días. Planificar bien estos paisajes es también una forma de protegerlos. Porque el paisaje, también se cultiva.