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Calendar 29/10/2026

La UPRA conmemora el Día Internacional del Paisaje con la mirada puesta en el Huila

La UPRA conmemora el Día Internacional del Paisaje con la mirada puesta en el Huila
  • Con el impulso del Catálogo de Paisajes Agropecuarios y de la Carta del Paisaje Agropecuario, la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) da un impulso para reconocer y gestionar los 11 paisajes agropecuarios que existen en el departamento del Huila. Desde 2016, la entidad incorporó el concepto de paisaje agropecuario en el ordenamiento del territorio rural.

Bogotá, octubre de 2026 (@UPRAColombia). En el Día Internacional del Paisaje, la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) invitó a mirar el campo como un patrimonio agroalimentario vivo que se construye todos los días. Con el Catálogo de Paisajes Agropecuarios y la Carta del Paisaje Agropecuario la entidad avanza, además, con la postulación del sistema de ganadería tradicional y agroalimentario en el paisaje de sabanas inundables de Paz de Ariporo, Casanare como el primer Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) de Colombia, un reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Dos instrumentos, una misma apuesta

La Carta del Paisaje Agropecuario es un acuerdo voluntario entre los actores de un territorio para gestionarlo de manera sostenible, desde la escala municipal. El Catálogo, por su parte, permite reconocer, localizar, describir, clasificar y valorar los paisajes en los ámbitos departamental, regional y nacional. Su primer piloto, en el Huila, reconoció once paisajes, y la UPRA aspira a construir con esos aprendizajes el Catálogo Nacional. Para la entidad, el Catálogo es una herramienta de conservación dinámica: un camino para blindar el territorio y que sus comunidades puedan conservar sus características y adaptarlas. Karen Jiménez, de la FAO Colombia, lo describió así al hablar de lo que aporta un SIPAM: “Es una forma de blindar el territorio para que las comunidades, las entidades que participan en el desarrollo del territorio puedan conservar sus características únicas”.

Casanare: de la Carta a la postulación internacional

La experiencia más avanzada está en Paz de Ariporo, Casanare: cerca de 512 mil hectáreas en 16 veredas de sabana inundable que pasa del agua la mayor parte del año al verano intenso. Allí la ganadería tradicional de cría convive con los conucos, donde las familias siembran entre 10 y 40 especies, y con la producción de miel de abejas nativas. El mayor reto fue plasmar la complejidad de la sabana, documentar la interdependencia de sus componentes y no perder su esencia: una ganadería diferenciada, fruto de la adaptación de los llaneros a lluvias muy largas o sequías extensas. Su hoja de ruta incluyó la postulación al SIPAM, que lidera el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con el apoyo técnico de la UPRA y que hoy revisa la FAO. En contexto, hasta ahora existen 104 SIPAM en 29 países, 11 de ellos en América Latina y el Caribe; y Colombia aún no tiene ninguno.

Huila: la misma complejidad en once paisajes agropecuarios

El Catálogo de Paisajes Agropecuarios tiene la virtud de visibilizar y orientar dónde están ubicados potenciales paisajes agropecuarios. En el Catálogo de Paisajes Agropecuarios del Huila se reconocieron 11 paisajes agropecuarios, además se logró describir cada uno y ver cómo se entrelazan el agua, los cultivos, los saberes y la organización comunitaria de cada sistema productivo, sin perder su esencia. 

Guiándonos por la buena experiencia en Paz de Ariporo la UPRA está convencida de que Paz de Ariporo no será el único caso: en muchos lugares del país se puede avanzar hacia nuevas declaratorias no solo como SIPAM, sino como Paisajes Culturales Agropecuarios u otras figuras aún por explorar, y el Catálogo permitirá identificar cuáles tienen potencial. El director general de la UPRA, Alberto Esmeral, lo resume así: «Planificar bien estos paisajes es también una forma de protegerlos. Porque el paisaje, también se cultiva».

Vale destacar que un paisaje agropecuario es un territorio que su gente reconoce como propio, asociado a su patrimonio cultural y a las actividades agropecuarias que, durante décadas y a veces siglos, han tejido la relación entre el ser humano y la naturaleza. Tiene una dimensión productiva, porque de allí salen los alimentos; una ecológica, porque convive con la biodiversidad; y una social y económica, porque sostiene la vida y la identidad de las familias rurales. En el país más biodiverso del planeta por kilómetro cuadrado, cuyos pequeños productores cosechan cerca del 70% de los alimentos frescos que se consumen, esa mirada importa.